Es sorprendente con qué facilidad todo pende de un hilo. Con qué facilidad todo puede caer y desvanecerse. Con qué facilidad todo puede ser o muy claro o muy confuso.
Llegué a un final del camino donde tengo tantos otros por tomar, pero ninguno va a ser tan tembloroso y hermoso como este que voy caminando.
Este camino fue dudoso, fue divertido. Tiene sus juegos, tiene sus golpes. Me caí y me volví a levantar. Volé un poco en mi imaginación mientras caminaba. Baje y miré que lindo estaba todo, que lindo comenzaba todo esto... Y qué tan poco quedaba para terminarlo.
Llegué al tramo final, estoy a metros de la llegada. Y ahora? Tanta caminata, para qué? A dónde voy claramente?
Me perdí. Y me detuve.
No quiero caminar más. Quiero quedarme donde estoy y seguir viendo lo que veo. Amo este camino, es el que tanto conozco y normal. Pero, sabes qué? Quiero conocer otros caminos... Pero tengo miedo.
Miedo. Éso me está deteniendo en todo. Si fuera un poco más valiente, más decidida, más confiada.
Quizás correría a un nuevo camino. Quizás estaría más tranquila. Quizás llegue a la meta y decida cuál de todos esos caminos es el mío y cómo transitarlo. Quizás, quizás, quizás.
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